Introducción
La cocina viaja con las personas. Con la inmigración italiana y el comercio marítimo, panes y masas se esparcieron por América Latina. En Chile, la focaccia encontró su camino a través de puertos, panaderías, restaurantes y la escena foodie de las últimas décadas.
Puertos y comunidad italiana
Desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, ciudades portuarias como Valparaíso recibieron influencias ligures y piamontesas. En ese entorno, recetas de panes planos con aceite—primas de la focaccia—aparecieron en mesas familiares y panaderías con sello italiano. Aunque no siempre se llamaba “focaccia”, su espíritu estaba presente: masa hidratada, aceite de oliva y sal.
Restaurantes y trattorie
En la segunda mitad del siglo XX, la expansión de trattorie y restaurantes italianos—primero en zonas céntricas y, luego, en barrios residenciales—acercó preparaciones caseras al público. La focaccia comenzó a servir de pan de mesa, entrada o base de sándwich, a veces bajo nombres genéricos como “pan italiano”.
Auge artesanal y cultura del aceite
Entre los 90 y 2000, el interés por panes artesanos y la disponibilidad de aceites de oliva chilenos de calidad (Valle del Huasco, entre otros) potenciarían su presencia. Más tarde, el boom de la panadería de masa madre y la escena gastronómica de ferias, food trucks y mercados elevó su popularidad.
Adaptación local
La focaccia en Chile se nutrió de ingredientes del territorio:
- Aceitunas (Azapa, por ejemplo).
- Hierbas andinas y mediterráneas cultivadas localmente.
- Sal de costa (como Cáhuil) para rematar la superficie.
- Tomates cherry, cebolla morada, ají verde o merkén para guiños de sabor.
La pandemia y el “horneo en casa”
El período 2020-2021 impulsó a muchos a hornear. La focaccia se convirtió en favorita por su relativa facilidad, impacto visual y flexibilidad de cobertura. Las redes sociales ayudaron a difundir recetas y técnicas.
Presente y futuro
Hoy es común ver focaccia en panaderías artesanales, cafeterías y propuestas gourmet. Su camino en Chile no es el de una fecha única, sino el de una presencia creciente que se consolidó al ritmo de la panadería de calidad.



